La partida que más cambia en 30 días
En una estancia corta, la alimentación es una línea menor del presupuesto. En una estancia de un mes se convierte en una de las más grandes, porque se multiplica por persona y por día sin descanso.
Y a diferencia del alojamiento, que se cotiza una vez, esta partida se decide todos los días. Por eso conviene presupuestarla con el mismo cuidado que el hospedaje.
Desayunos y salidas temprano
El desayuno es donde más se nota. Un equipo que sale temprano rara vez desayuna sentado: o no desayuna, o compra algo en el camino a diario durante un mes.
Con cocina equipada, el desayuno se resuelve en la casa antes de salir. Es la comida más fácil de cubrir sin cocinar de verdad y la que más se repite en una estancia larga.
La comida del mediodía
La del mediodía normalmente se resuelve fuera, cerca del sitio de trabajo, y eso está bien: es difícil regresar a la casa a media jornada.
Lo realista es presupuestar esta comida fuera todos los días y planear que desayuno y cena se cubran en casa. Ese reparto es el que de verdad ocurre en estancias de trabajo, no el de "cocinamos todo".
La cena cuando el turno termina tarde
Los turnos rara vez terminan en horario cómodo de restaurante. Cuando el regreso es tarde, la alternativa a la cocina suele ser lo que esté abierto, que no siempre es ni barato ni bueno.
Poder cenar algo sencillo al llegar, sin volver a salir en el vehículo, es una de las cosas que más se agradecen en la tercera semana de un proyecto.
La lavadora y la maleta más ligera
Es la misma lógica y conviene contarla junto. Con lavadora en casa, nadie empaca para treinta días ni paga lavandería semanal: se lava por la noche y se reutiliza la ropa.
En viajes de equipo esto también reduce el equipaje total, lo cual importa cuando el grupo llega en vehículo o con equipo de trabajo.
Lo que la cocina no resuelve
No convierte una estancia de trabajo en unas vacaciones. Después de una jornada larga, casi nadie quiere cocinar elaborado, y esa expectativa es la que hace que algunos presupuesten mal en sentido contrario.
Lo honesto es asumir que la cocina cubre desayunos, cenas simples y café, y que el resto se resuelve fuera. Con ese supuesto, el presupuesto de treinta días se acerca bastante a la realidad.